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Marisol lleva 25 años practicando el paracaidismo. Foto:
Edgar Batista
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“Cuando se
abrió la compuerta de la avioneta que volaba a casi un
kilómetro de altura y vi las cosas tan chiquitas allá abajo,
sentí miedo, no lo puedo negar, pero estaba decidida y me tiré
al vacío.
“De
inmediato halé la cuerda, se abrió el paracaídas y quedé como
flotando en el aire, pues era muy grande y descendía
lentamente, aterricé en un potrero lleno de animales, por
suerte todo salió bien y mis compañeros corrieron a
felicitarme.”
Para
Marisol Maldonado Castellanos aquel hecho, ocurrido en el año
1980, resulta inolvidable, ya que constituyó su primer salto,
realizado de forma exitosa en la zona de Limpio Chiquito, en
el municipio holguinero de Cacocum.
Desde
entonces la vida de esta holguinera, nacida el 19 de agosto de
1964 en el barrio rural de El Coco, a unos 10 kilómetros de la
capital provincial, quedó marcada por el paracaidismo, al que
se ha consagrado en cuerpo y alma.
“Estaba
estudiando en la escuela de formadoras de educadoras de
círculos infantiles Lucía Íñiguez—rememora— cuando hicieron la
captación, comenzamos unas 20 muchachitas y fui una de las que
pasó la prueba.
“Fueron
intensas jornadas de preparación, en las que los instructores
nos daban clases teóricas y prácticas con el paracaídas, el
cual debes dominar a la perfección antes de saltar.
“En aquel
entonces el paracaidismo estaba atrasado en Cuba, eran unos
armatostes inmensos, muy pesados y poco maniobrables, que
prácticamente te llevaban para donde soplara el viento.
“Después
que aprendes bien la técnica y sabes dirigir el equipo hacia
donde tú quieras, no hay nada tan emocionante como el
paracaidismo. Por eso me mantengo activa, sin dejarlo nunca,
sólo de forma temporal en dos ocasiones por la maternidad.
¿Accidentes? No he sufrido ninguno, siempre he sido muy
disciplinada y metódica para armar y desarmar mi paracaídas,
yo misma lo preparo, me gusta hacerlo, así me siento más
segura.
“Sólo he
tenido dos emergencias, pero sin mayores consecuencias, debido
a la mala colocación de las anillas en un paracaídas nuevo,
que conocía poco y no se abrió, por lo cual tuve que acudir al
de emergencia.”
Luego de
25 años dedicados a esta riesgosa disciplina, en los que ha
dado alrededor de cuatro mil saltos, algunos de ellos hasta de
cuatro kilómetros de altura, Marisol continúa cosechando
éxitos deportivos.
En el
Campeonato Nacional de Paracaidismo de este año, organizado
por el Club de Aviación, ocupó el primer lugar individual en
el salto de precisión y el segundo por equipo con sus
compañeros del Club Palmares de Holguín.
“Desde
hace cuatro años, precisa, entré a la compañía turística
Palmares y empecé a hacer paracaidismo comercial, el
denominado tándem, que consiste en saltar con una persona
inexperta a la cual debes conducir.
“Para
realizar este tipo de salto necesitas mucha preparación,
experiencia y fuerza, pues la vida de un turista, que en
ocasiones te duplica el peso, está en tus manos, soy la única
mujer que se dedica a esto en el país. “ El paracaidismo
deportivo lo sigo practicando, pero con menor intensidad, el
trabajo en la playa me consume mucho tiempo, voy a las
competencias con poca preparación y si al final gano es por mi
experiencia y concentración.”
“Lamentablemente, los recursos que aparecen son mínimos en las
provincias, están saltando con mucho sacrificio, casi con sus
propios medios, y así seguimos.”
Esta
destacada atleta, miembro del equipo Cuba durante siete años,
desde 1984 hasta que se desmembró en 1991 por falta de un
organismo rector, aspira a representar dignamente a la Patria
en el Campeonato Latinoamericano, previsto para fines de año
en Colombia.
A los 42
años de edad y sin dejar de cumplir con sus obligaciones como
madre, esposa, militante del Partido y federada en su bloque
del reparto Nuevo Llano, en la ciudad de Holguín, Marisol
sigue siendo una mujer de altura, que desafía peligros y
adversidades. |