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Cuba-EE.UU.:
el costo personal de una historia de amor
La Habana,
(AP).- Cuando la joven Adriana Pérez supo que su esposo, Gerardo
Hernández, no era en realidad un diplomático sino un agente
arrestado en Estados Unidos por formar parte de un grupo de
inteligencia cubana, su vida dio un vuelco y se quedó
literalmente'' sin aire.
Eso fue hace
siete años. Ahora tras una sentencia de un tribunal de Atlanta que
revocó el juicio en el cual se le impuso cadena perpetua a
Hernández, nuevamente la invadió la extraña sensación de asfixia,
pero esta vez lo sintió como una luz al final de un amargo túnel.
Ya no es la
misma muchacha ingenua. Es una mujer curtida por una historia, cuya
trama mezcla el amor, la intriga, el espionaje y la justicia.
Tengo 35 años,
soy ingeniera química'', explica a la AP desde su talla menuda de
cabellos negros, ojos penetrantes y aparente fragilidad.
Se presenta
sencillamente para la entrevista, vestida con ropas claras y un
peinado sobrio que coincide con sus ademanes suaves, pero que deja
ver la determinación de su carácter.
La vida me puso
esta prueba. El mundo me cambió 360 grados'', reflexiona.
En 1998 al
momento de la detención de Hernández, ella gozaba de sus 28 años
plenos de salud, estudiaba, trabajaba y vivía junto a su suegra,
mientras añoraba que su esposo regresara -de la embajada de América
Latina donde supuestamente se creía que estaba asignado- para ser
madre.
No me esperaba
una cosa como esa. La detención fue el sábado 12 de septiembre, se
los presentó (a los coacusados) en Corte el 14, fue allí cuando se
me dio la noticia de que Gerardo estaba detenido, que pertenecía a
una red'', comenta la mujer.
A los dos lados
del Estrecho de la Florida, la noticia de la captura de 10 personas
vinculadas a labores de inteligencia sonó como un cañonazo.
En Miami era un
escándalo, ¿Con qué derecho el presidente Fidel Castro enviaba a
estos hombres a Estados Unidos? En Cuba el silencio público duró
hasta junio del 2001, cuando una nota del periódico oficial Granma
los calificó de héroes'', argumentando que protegieron a la isla de
violentas acciones de grupos extremos de exiliados anticastristas.
Con el pasar de
los meses, cinco de los arrestados reconocieron ser agentes pero
rechazaron los cargos: René González, Ramón Labañino, Antonio
Guerrero, Fernando González y Hernández.
Durante algún
tiempo Hernández incluso despistó a las autoridades estadounidenses
sobre su verdadera identidad pues sus documentos lo identificaban
como Manuel Viramontes, pero Pérez sabía que se trataba de su
esposo.
Fueron momentos
difíciles, confiesa, y pese a todo no dejó que la sorpresa se
tornara decepción.
No pude sentirme
traicionada, Gerardo no me había mentido...
su labor no
podía conocerse de antemano: él estaba haciendo todo eso para
proteger al pueblo de Cuba'', insiste con energía.
Afanosamente
trata de explicar los motivos y su dimensión humana.
Mire, los dos
(Hernández y ella) nacimos bajo el sistema socialista: hemos sido
víctimas de los ataques contra Cuba, nuestra patria; el que no ha
perdido un amigo, ha perdido un familiar o un compañero de
trabajo''.
¿Usted cree que
alguien, no con conciencia política, sino humana, no se hubiera
entregado a realizar un trabajo como éste? Ni siquiera lo estaban
cobrando, ni un centavo, arriesgando su vida, lejos de sus seres
queridos; era imposible que pudiera sentirme traicionada'', exclama
Pérez.
Incluso recuerda
las dramáticas escenas de una serie de atentados con bombas en
hoteles habaneros en 1997, en los cuales murió un empresario
italiano y cuya autoría se atribuye al anticastrista hoy detenido en
Estados Unidos, Luis Posada Carriles.
Siendo niña
sintió su corazón estrujarse cuando una bomba en una nave de Cubana
de Aviación, en 1976 mató a 73 personas, recuerda.
En estos años,
de ser una más por las calles de La Habana _donde nació bajo el
signo de Capricornio el 18 de enero de 1970_ su rostro se hizo
familiar en la televisión y con el apoyo del gobierno montó junto a
los familiares de los otros cuatro agentes una intensa campaña
internacional que la llevó por decenas de países.
Pero prefiere no
hablar mucho de su fama repentina y en cambio la atribuye al
agradecimiento que sus compatriotas dicen sentir por su marido.
De todas formas,
sus planes íntimos quedaron paralizados.
Es cierto, el
matrimonio es para vivirlo en común, nosotros llevamos más de siete
años sin vernos, separados. Pero no puedes dejar atrás a un hombre
que te ha dado mucha dicha, que vive orgulloso de lo que es'',
comenta Pérez consultada sobre el impacto de los años de cárcel de
su marido.
Para mí esperar
a Gerardo tiene mucho sentido. Es esperar a alguien con quien en 30
años tendré una conversación verdadera'', expresa.
En noviembre,
Hernández y Pérez cumplirán 19 años de relación: se conocieron en
una parada de autobuses en noviembre de 1986 cuando ambos
estudiaban, ella química y él relaciones internacionales.
¿Qué cosa ha
cambiado en él?: no mucho, sólo le falta más pelo. Es un hombre
alto, fino de modales, con ojos bonitos y una sonrisa muy linda'',
contesta con picardía.
En julio de 1988
se casaron y dos años después, al igual que once millones de
cubanos, el matrimonio debió enfrentar el implacable Período
Especial'', como se llamó a la peor crisis económica de la nación
caribeña, asociada a la caída de los aliados comunistas de Europa
del Este: apagones, desabastecimientos, migraciones...
Cuando llega el
Período Especial yo trabajaba y estudiaba. El había cumplido misión
en Angola. Estábamos pensando en una nueva etapa de la pareja, que
era la de tener hijos y hubo que posponerlo'', lamenta.
Tras su
detención, recién en 2001 durante el juicio y antes de que ser
trasladado a la cárcel de Lompoc, California, pudo ella recibir
cartas de Hernández _hasta entonces permaneció incomunicado_, el
medio que usan actualmente para contarse la vida, dado que Estados
Unidos le negó la visa para poder visitarlo y tampoco le permiten a
él tener correo electrónico.
En agosto el
tribunal de Atlanta finalmente se pronunció sobre el caso y lo
encontró irregular. De un golpe las sentencias desaparecieron y
resurgió la posibilidad incluso de una liberación de los cinco
cubanos.
Un abanico de
sueños se abre, el hecho de que la corte de Atlanta haya llegado a
este veredicto así, para mí personalmente, tiene una gran
importancia porque Gerardo estaba condenado a dos cadenas perpetuas
y yo también'', asegura con una sonrisa.
La luz en el
túnel está más cerca'', agrega, no hay nada más importante que verlo
regresar a Cuba... junto a mí''. |