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La desequilibrada balanza de la Ley

 

Aunque la representación universal de la Justicia porta una balanza en su mano izquierda, en Estados Unidos la actuación de algunos jueces pone en duda el justo equilibrio de sus decisiones

 

LUIS JESÚS GONZÁLEZ

21 de marzo

internac@trabaja.cip.cu

 

Tal vez porque las demandas constituyan un elemento cotidiano en la vida jurídica norteamericana, las abismales paradojas de su sistema legal transiten sin mayores sobresaltos para una sociedad acostumbrada al absurdo.

Recientemente el juez Jack B. Wenstein, de New York, rechazó la demanda interpuesta por una asociación de vietnamitas afectados por el Agente Naranja, mientras otro, en el insólito estado de la Florida, concedió una indemnización de 1,75 millones de dólares al contrarrevolucionario de origen cubano José Basulto, por las supuestas secuelas causadas en su último intento por violar el espacio aéreo cubano.

Relativamente cercanos en el tiempo, ambos fallos encarnan las carencias lógicas de un sistema que se autodefine perfecto, pero al que en realidad le sobran las manchas.

Distantes en el tiempo y separados por miles de kilómetros, los escenarios y las circunstancias de los hechos difieren ampliamente por su esencia y sus resultados. Sin embargo, las decisiones de ambos magistrados coinciden en amparar el delito y justificar el crimen.

Los millones de vietnamitas afectados por el agente naranja son las víctimas de la más prolongada guerra química desatada contra un país en toda la historia de la humanidad. Según datos del Pentágono, se estima que entre 1961 y 1971 fueron vertidos sobre las zonas boscosas del sur de Vietnam unos 12 millones de galones del potente herbicida, con el objetivo de privar de su refugio natural a las fuerzas patrióticas.

Cada año, el envenenamiento de la vegetación y las tierras incrementa el número de personas afectadas por las secuelas del agente naranja y de otra decena de compuestos químicos regados por la aviación de Estados Unidos entre el paralelo 17 y el delta del Mekong. Cifras preliminares calculan los perjudicados en tres millones de vietnamitas, aunque los efectos genéticos abarcan cuatro generaciones, incluidos algunos veteranos de Vietnam y sus descendientes.

El daño ecológico y sus efectos para la alimentación superan cualquier cálculo, ya que la concentración de dioxina en los suelos es 100 veces superior al tolerado en Canadá, pero con el inconveniente de que el trágico escenario se ubica en una nación del sur, ampliamente dependiente de la agricultura.

Días antes de que el juez Wenstein emitiera su fallo en Brooklyn, funcionarios del Departamento de Justicia aconsejaron al magistrado newyorkino que desestimara la demanda vietnamita, porque considerarla apropiada “abriría las puertas de los palacios de justicia del sistema legal norteamericano a ciudadanos y soldados de antiguos países enemigos".

Para los ciudadanos norteamericanos víctimas del agente naranja y sus familias, la búsqueda de una compensación se remonta a la década de los 70, pero la mayoría de los que la han obtenido lo han hecho mediante arreglos fuera de las cortes y luego de muchos años de procedimientos judiciales y negociaciones, lo que indica que Washington persiste en su negativa a reconocer su responsabilidad en los daños causados a la población vietnamita.

Este proceder adelanta posibles fallos de otras naciones agredidas, por lo que es probable que, dentro de tres décadas, los habitantes de la ciudad iraquí de Falluja se sumen a la lista de demandantes, como resultado de las secuelas por las armas químicas usadas por los invasores norteamericanos.

Apostado del otro lado de la justicia, un magistrado concede al terrorista José Basalto una indemnización por inexistentes secuelas,  mientras que la administración norteamericana se niega a reconocer las que evidentemente han comenzado a padecer los recientes veteranos de Iraq, acción que eleva a la categoría de combatiente a un individuo que nunca ha conseguido semejante distinción ni entre sus propios congéneres.

Pero como demandar al gobierno cubano desde Miami se ha convertido en una lucrativa moda, hasta ahora reservada a viudas desmemoriadas e hijas amnésicas, Basulto decide cambiar las alas de piloto por un velo de una justicia cegada por la impotencia de la derrota. 

 

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