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Una biografía
que realza la pasión y la polémica
JULIO CÉSAR MEJÍAS CÁRDENAS
Foto: Carlos Cánovas
Víctor Mesa sigue levantando
pasiones y polémicas, aún después
de echar a un lado el guante de jardinero central y
dedicarse a dirigir el equipo de su provincia natal,
Villa Clara.
Este sábado, el prestigioso jugador
cubano vivió uno de sus momentos más felices
según sus propias palabras, cuando fue presentado
a la afición de la ciudad de Santa Clara el libro
El béisbol en vida, escrito por el destacado
periodista José Antonio Fulgueiras, que recorre
de forma amena y precisa los principales hechos de la
trayectoria de tan distinguido deportista.
Fulgueiras devela entuertos, enardece
la polémica y hace universal la pasión
de cientos de aficionados hacia quien colmó los
estadios del país de espectáculo y béisbol
de altura, de gran altura.
Ubicado dentro del género biográfico,
el libro narra la carrera deportiva de este excepcional
jugador, que devino símbolo gracias a la Revolución
que lo forjó y educó. Con un peculiar
estilo que lo caracterizó desde que su prosa
periodística entintaba cada día la columna
Desde la cueva del diario local Vanguardia, allá
por años ’80, Fulgueira. logra captar el
hondo humanismo que guarda dentro este ídolo
de millones de cubanos, alguien que hizo del béisbol
su gran amor y de la verdad, el sentido esencial de
su vida.
“Siempre he dicho lo que pienso,
por más duro que parezca, así soy y así
seré, pero siempre con la Revolución y
Fidel como mis principales inspiradores, que nadie se
equivoque”, refiere Víctor.
Para el brillante ex jardinero central
del equipo nacional, lo más importante del libro
es precisamente que le fue pedido por el propio Presidente
cubano, quien en dos ocasiones le habló del tema,
y luego al cabo de varios meses le interrogó:
¿qué pasa con el libro?
Aunque el trabajo editorial se detuvo
en algún momento, ya el libro es una realidad
y apenas espera a ver la reacción de quienes
lo lean.
Satisfecho con el resultado que se aprecia
en lo escrito por Fulgueiras, Víctor descubre
que únicamente no quedó contento por no
haber roto un grupo de récords de la pelota cubana,
hecho que se lo impidió el retiro forzoso.
Siempre creyó en Fulgueiras,
oriundo del municipio de Sagua La Grande al igual que
él y amigo personal desde muy temprano: “Desde
que Fidel me habló de escribir mi biografía,
siempre pensé en Fulgueiras para que lo hiciera.
El tiene una prosa periodística polémica,
encendida desde los títulos hasta el punto final
y creo que nada había más similar a mí
como pelotero desde el punto de vista de un escritor.
En La Habana me sugirieron a otros dos periodistas,
pero los desinflé. Le dije a Fulgueiras en cuanto
me lo tropecé: tú eres el hombre, fiera.”
Fulgueiras, cuya pasión por el
juego de Víctor le llevó a crispantes
diálogos con aficionados y especialistas de la
prensa, se sintió halagado desde el primer momento
que se le apareció el ex jugador con la noticia.
“Claro que puedo, le respondí
rápido y de inmediato me lancé a preparar
la estructura de lo que pensé entonces que debía
hacer. Luego de algunas variaciones e intenso trabajo
de búsqueda de datos y opiniones de compañeros
de equipos, de jóvenes que lo relevaron, de dirigentes
del béisbol y el deporte en general, así
como periodistas y comentaristas del sector, hilvané
una tras otra las páginas de este libro, tan
controvertido como su propio protagonista.
“Para emprender la obra puse una
sola condición: decir siempre la verdad por dura
que fuera. Tenía que hacerme creíble,
y me parece que lo logré. Esos hechos y anécdotas
sucedieron tal y como los narro, aunque les di el toque
literario.
“No hubo censura, a pesar de tocar
asuntos complicados. Creo que puede considerarse un
éxito, pero la última palabra la dirán
los lectores.”
Desde las descriptivas líneas
iniciales sobre la difícil infancia de Víctor
y su tránsito por un Centro de Reeducación
de Menores, hasta el diálogo conclusivo donde
el protagonista expone su parecer acerca de su actual
labor como mentor del equipo naranja de la pelota cubana,
el libro El béisbol en vida convence por qué
este cubano de algo más de cuarenta años
no puede vivir alejado de un diamante beisbolero, ni
intentar un paso nuevo en su quehacer si no lo acompañan
su esposa e hijos desde las gradas. |