CUBA POR DENTRO

   

Delarra, cronista de la Revolución, escultor del Che

 

JESÚS RISQUET

18 de julio

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Hijo ilustre de San Antonio de los Baños, provincia de La Habana, nacido en el año 1938, el destacado escultor y pintor cubano José Ramón de Lázaro Bencomo, conocido como José Delarra fue el creador de monumentales conjuntos artísticos devenidos símbolos patrióticos en varias regiones cubanas.

Comenzó sus estudios de escultura en 1949 en la escuela de arte de Villate y luego amplió sus estudios en la Academia de San Alejandro.

A los 11 años hizo su primera escultura en el patio de su casa en la barriada del Cerro. Allí colocó al Martí que tanto amaba. Después nacieron de su talento otras muchas cabezas de hombres y mujeres ilustres de las artes, la Ciencia y la Historia.

Su primera obra pública fue en la escuela de Artes Oficios donde él estudiaba, pues en ese centro se formaban dibujantes, pintores, escultores, ebanistas, relojeros y plateros.

Su primera exposición personal fue presentada en la Sociedad Económica de Amigos del País.

Recibió en su formación artística las enseñanzas de grandes escultores como José Clará, en Barcelona y Vistorio Macho, en Toledo. Además fue ayudante y alumno del escultor Antonio Berti en la Escuela de Bellas Artes de Florencia. También fue discípulo de Teodoro Ramos Blanco, de Sicre, y ayudante de Fernando Boada, quienes le sirvieron de impulso y motivación para la búsqueda de su propia forma de decir en el arte.

Antes de graduarse en la academia de pintura, se vio precisado a abandonar el país por la persecución de algunos sicarios de Batista que tenían su vista puesta en aquel joven escultor, hijo de un zapatero de filiación comunista. 

Varios países fueron escenario de su quehacer artístico, Uruguay, República Dominicana, Rusia, Japón, con un monumento en Nagasaki en homenaje a las víctimas del holocausto atómico; en España, con un monumento en honor a José Martí en la plaza Ciudad de La Habana de Gijón. En Angola también realizó un monumento en homenaje a los cubanos caídos en la guerra por su independencia. Sus obras formaron parte de 272 exposiciones colectivas y personales. Muchas de ellas son atesoradas en otros continentes. Realizó con el arquitecto Fernando Salinas, el conjunto escultórico a José Martí en Cancún.

Este genial artista modelaba, sobre todo, con la yema de sus dedos y con tan notable rapidez que era difícil definir el momento exacto en que lograba formar una imagen en el barro que amasaba, cuándo surgía una nariz, un gesto facial, una sonrisa.

Por su meritoria labor como escultor y pintor, Delarra se hizo acreedor de varias condecoraciones, entre ellas el título de Héroe Nacional del Trabajo, la Medalla Alejo Carpentier y la Réplica del machete de Máximo Gómez. También Delarra fue diputado a la Asamblea Nacional del Poder Popular y miembro del Comité Nacional del Sindicato de los Trabajadores de la Cultura.

Delarra brindó también sus conocimientos y experiencias a otras figuras de la plástica cubana, particularmente a jóvenes artistas, pues se desempeñó como profesor de talleres vocacionales de arte y de la escuela de San Alejandro. El interés que mostró en transmitir sus conocimientos y sus experiencias, quedó plasmado en un Laminario de las Artes Plásticas, libro dirigido a quienes se interesan en esas disciplinas, donde didácticamente ofrece conocimientos generales tan diversos como las técnicas del grabado o la historia del Alma Mater.

Obtuvo Delarra numerosos premios desde muy joven, entre ellos el primer premio del concurso que convocó la Universidad de La Habana para dotar de una escultura de Rubén Martínez Villena a la Biblioteca Central de ese centro de estudios. También fue profesor y director de San Alejandro, director de Artes Plásticas de la provincia de La Habana, creador de centros de cultura, conferencista, entre otras muchas facetas.

Incursionó en la cerámica, la ilustración gráfica y el grabado. La última exposición pictórica de Delarra tuvo lugar en el Memorial José Martí, en mayo del 2003; esta se tituló De la epopeya a la mesura.

De gran relevancia son la cabeza monumental de Engels en Pinar del Río, la figura ecuestre del Generalísimo Máximo Gómez en Camagüey, el monumento al descarrilamiento del tren blindado en Santa Clara, o las plazas de la revolución de Bayamo y Holguín.

Su obra más sobresaliente fue el Monumento al Che erigido en la Plaza que lleva el nombre del Guerrillero Heroico, en la ciudad de Santa Clara; fue esta su obra capital y siempre será recordado por ella. Un día Delarra dijo allí en el Monumento al Che: “Si se cae me caigo con él, los artistas y los capitanes de barcos vivimos y morimos con nuestra obra”.

El 26 de agosto del 2003 recibimos el duro golpe de su fallecimiento.  Se nos fue el artista, pero quedó su obra imperecedera que es toda una crónica de la Revolución cubana.

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