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Desde el día del
triunfo de la Revolución Cubana, los sucesivos
gobiernos de Estados Unidos han proclamado su aviesa
intención de destruir el poder revolucionario y
reinstaurar el capitalismo y su dominación neocolonial
en nuestro país.
Para lograr sus
propósitos han aplicado contra Cuba un genocida
bloqueo económico, comercial y financiero, recrudecido
cada vez más por nuevas leyes y decisiones de las
administraciones norteamericanas, para tratar de
doblegar por hambre y enfermedades a nuestro pueblo.
Junto a ello, en su
enfermizo y visceral odio contra la Revolución han
lanzado contra Cuba todo tipo de agresiones:
invasiones, guerra sucia, sabotajes, guerras biológica
y propagandística, abominables actos terroristas,
intentos de asesinato al Comandante en Jefe y otros
dirigentes de la Revolución, así como han organizado y
financiado la contrarrevolución interna y otros
criminales planes para alcanzar sus fines.
La injusta condena de
nuestros Cinco hermanos prisioneros en las cárceles
del imperio por luchar contra el terrorismo, mientras
protegen a connotados terroristas como Luis Posada
Carriles y Orlando Bosh, demuestra que el gobierno de
Bush no ha renunciado a ninguno de esos métodos para
intentar doblegarnos.
En la infausta fecha
del 20 de mayo, en el año 2004, el presidente George
W. Bush firmó el llamado Plan para la Transición en
Cuba, infame programa que contiene y endurece todas
las prácticas antes utilizadas y pretende despojar a
nuestro pueblo definitivamente de su independencia y
soberanía y esclavizarlo para siempre.
Más recientemente, el
pasado mes de julio, en su desesperación por cumplir
el viejo sueño de aniquilarnos, el Plan Bush ha sido
reforzado, incluso con una cláusula secreta, que no
puede contener otra cosa que un plan de agresión
directa a nuestro país precedida por un criminal
magnicidio. Ello se hace más evidente si tenemos en
cuenta que como parte de esos programas, varios altos
funcionarios de la administración Bush han declarado
abiertamente su intención de, tras la desaparición
física del Comandante en Jefe, actuar para impedir,
por todas las vías posibles, que sus más cercanos
compañeros, esos que ellos llaman "sus compinches",
asuman la dirección del país. Se refieren así,
despectivamente, a los probados compañeros de la
generación histórica y sucesiva, que durante más de
medio siglo han dirigido, junto a Fidel, el proceso
revolucionario liberador de nuestra Patria.
Teniendo en cuenta
todo lo anterior, los delegados y delegadas al XIX
Congreso de la CTC,
ACORDAMOS:
1. Intensificar
nuestra lucha contra el genocida bloqueo, hoy
intensificado, que se nos ha impuesto por casi 48 años
y reclamar a la comunidad internacional su más pleno
respaldo a la resolución que, en ese sentido, nuestro
país presentará en los próximos días ante la Asamblea
General de Naciones Unidas.
2. Denunciar y
rechazar los planes de agresión y desestabilización
contenidos en el Plan Bush y buscar todas las vías
posibles que nos permitan incrementar nuestra
preparación política, ideológica y militar para
enfrentar todos los intentos de destruir el poder
revolucionario.
3. Ratificar una vez
más que hoy y siempre, las calles y los centros de
trabajo de Cuba son y serán de los revolucionarios y
que nunca podrán ser tomados por los vendepatrias y
mercenarios al servicio del imperio.
4. Continuar la lucha
por la liberación de nuestros Cinco Héroes prisioneros
del imperio y el justo castigo a los verdaderos
terroristas, responsables de horrendos crímenes contra
nuestro pueblo, que disfrutan de libertad y protección
en Estados Unidos.
5. Ratificar nuestra
más profunda convicción de que en Cuba solo habrá
transición hacia más Revolución, más justicia social,
más socialismo, y que acompañaremos a Fidel por
siempre, y que cuando por ley de la vida ya no esté
con nosotros, estaremos de pie, en primera fila,
luchando junto a Raúl y sus compañeros de gesta, junto
al Partido que ellos fundaron y que no desaparecerá
jamás, para hacer invencible la Revolución y el
socialismo.
6. Expresar nuestro
más profundo reconocimiento a todo nuestro pueblo por
la disciplina, confianza, unidad, madurez,
responsabilidad y sabiduría puestas de manifiesto en
el cumplimiento de la Proclama del Comandante en Jefe.
Esa respuesta, serena y viril, es nuestra arma más
poderosa para derrotar todas las agresiones e intentos
de derrotar la Revolución.
7. Proclamar: ¡La
Revolución Socialista en Cuba es invencible!
Ciudad de La
Habana, 27 de septiembre del 2006 |