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Foto: JOAQUÍN HERNÁNDEZ
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Siempre
he creído en la necesidad de los sindicatos y su importancia
en el socialismo
Discurso
pronunciado por el General de Ejército Raúl Castro Ruz,
Segundo Secretario del Comité Central del Partido y Ministro
de las FAR, en la clausura del XIX Congreso de la Central de
Trabajadores de Cuba. Palacio de las Convenciones, Ciudad de
La Habana, 27 de septiembre de 2006, Año de la Revolución
Energética en Cuba.
27 de
septiembre
Compañeras
y compañeros delegados e invitados:
Comienzo
por transmitirles el saludo del Comandante en Jefe (APLAUSOS
PROLONGADOS). Como se ha recordado, es la primera vez desde el
triunfo de la Revolución, que no puede estar presente
físicamente en un congreso obrero, pero como ustedes han
expresado, aquí han estado sus ideas y también sus enseñanzas.
En estas
conclusiones no me propongo resumir todo lo abordado por el
Congreso. Me limito a expresar que luego de dos días de
intercambio junto a ustedes, además de lo analizado en las
nueve comisiones que sesionaron simultáneamente el pasado
lunes, de las que me he mantenido informado, es posible
afirmar que están identificadas las causas de un número
importante de problemas y deficiencias, en las que la CTC y
cada sindicato han reconocido sus responsabilidades e
igualmente han señalado las correspondientes a las direcciones
administrativas. Desde luego, hay asuntos cuya solución
corresponde a instancias superiores del país.
Son
discusiones que sin dudas han contribuido a esclarecer cuáles
son las mejores vías para erradicarlos.
El próximo
año debe ser de trabajo intenso para el nuevo Consejo
Nacional y su Secretariado, pues son los responsables, en lo
que a cada uno compete, de poner en práctica los acuerdos del
Congreso, que ha tenido el mérito de centrarse en temas
fundamentales para el país, y por tanto para los trabajadores,
como la Revolución Energética, los programas de la Batalla de
Ideas, la lucha por la liberación de los Cinco Héroes, la
producción de alimentos, el Perfeccionamiento Empresarial y
otros importantes asuntos vinculados con la productividad, los
salarios, el empleo y la organización del trabajo, por sólo
mencionar algunos ejemplos.
Se analizó
además, con el espíritu crítico que precisa y recibió también
la atención requerida, un asunto decisivo en las actuales
circunstancias: la marcha de la batalla contra las
indisciplinas, las ilegalidades, el delito y la corrupción.
Son temas
cruciales sobre los que habrá que seguir discutiendo en el
futuro, porque según profundizamos en cualquiera de ellos, se
descubren reservas sin explotar, deficiencias derivadas muchas
veces de la falta de previsión, la desorganización o la
indolencia, sin desconocer la existencia de causas objetivas,
que indudablemente predominaron en los años más difíciles del
período especial.
SIEMPRE HE
CREÍDO EN LA NECESIDAD DE LOS SINDICATOS Y SU IMPORTANCIA EN
EL SOCIALISMO
Por tanto,
permítanme aprovechar estos minutos para compartir de nuevo
con ustedes preocupaciones que tengo desde hace tiempo, y que
algunos de los aquí presentes conocen, acerca de dónde deben
concentrar los esfuerzos las organizaciones sindicales y sus
dirigentes en una sociedad como la nuestra.
Fidel dio
la primera gran lección de cómo hacerlo, ante cientos de
representantes de los trabajadores azucareros –en aquella
etapa, FNTA: Federación Nacional de Trabajadores Azucareros–
que en una plenaria sindical reclamaban con la fuerza que les
daba el nuevo poder revolucionario, el establecimiento de
cuatro turnos laborales en los centrales, entre otras
reivindicaciones.
Esto
sucedió el 9 de febrero de 1959, en el teatro de la CTC,
cuando sólo habían transcurrido 49 días desde el triunfo de la
Revolución y ésta aún no había aplicado ninguna medida
decisiva en el orden económico.
Eran
demandas justas de trabajadores que enfrentaban una situación
muy difícil, tras ser esquilmados durante años por los
monopolios norteamericanos y los oligarcas del patio, que
seguían siendo los dueños. Pero en las nuevas circunstancias,
acceder a esos reclamos significaba una afectación muy seria a
la economía de un país que acababa de salir de la guerra y
cuyo tesoro público había sido sencillamente saqueado.
El
Comandante en Jefe no dudó en explicar con gran paciencia y
durante varias horas, por qué había que renunciar en aquel
momento a tales demandas. Entre otras muchas cosas les dijo:
“Esta
Revolución es la Revolución de ustedes. Hay que defender la
Revolución con más calor que con lo que se defienda una simple
demanda. La Revolución es la demanda de hoy y la demanda del
futuro. La Revolución son los salarios del futuro; el
bienestar de hoy y el bienestar, muy superior, del futuro”.
Casi dos
años después, en enero de 1961, cuando la mayor parte de los
medios de producción ya habían sido nacionalizados, Blas Roca
y Lázaro Peña, que lucharon tenazmente durante largos años
para arrancar cada centavo posible a los burgueses en
beneficio de los trabajadores, dedicaron un gran esfuerzo a
explicar el nuevo papel del sindicato en un centro de trabajo
propiedad del pueblo.
Argumentaron por qué, sin descuidar la defensa de los derechos
del obrero, su tarea fundamental pasaba a ser el impulso a la
producción o los servicios, pues ello beneficiaba ahora a toda
la sociedad. Estas ideas las expusieron en un extenso artículo
firmado por ambos, del cual quizás valdría la pena resumir las
tesis fundamentales y divulgarlas nuevamente.
Siempre he
creído en la necesidad de los sindicatos y su importancia en
el socialismo, aunque naturalmente cambiando los métodos y
teniendo muy en cuenta la diferencia de ser representante de
los intereses de obreros explotados en el capitalismo, a serlo
de los dueños colectivos de los medios de producción, de la
clase dirigente de la sociedad socialista.
LAS
SOLUCIONES SÓLO PUEDEN SALIR DEL CONTACTO DIRECTO CON LOS
TRABAJADORES
Pero en
realidad en los primeros años de la Revolución no había
unanimidad al respecto. Ello me ha llevado a reflexionar
bastante sobre el tema en diferentes momentos, aunque siempre
con clara conciencia de que las soluciones sólo pueden salir
del trabajo práctico cotidiano de los dirigentes sindicales,
del contacto directo con los trabajadores, sus problemas y
aspiraciones.
Por eso el
Comandante en Jefe, al realizar las conclusiones del 53 Pleno
del Consejo Nacional de la CTC, celebrado en 1987, exhortó una
vez más a los trabajadores y cuadros sindicales a pensar en
estas cosas –cito sus palabras– “que no van a encontrar en
libros, que no van a encontrar en la teoría”.
El
movimiento obrero –agregó entonces Fidel– no es una simple
organización profesional, sino una organización de masas,
política, que es importante tenga sus respuestas, sus
meditaciones, sus análisis, sus soluciones para los problemas
de la sociedad.
El XIII
Congreso de la CTC, el último dirigido por Lázaro Peña, es el
mejor ejemplo de cumplimiento práctico de esa línea trazada
por el compañero Fidel, desde el triunfo de la Revolución.
Ese evento
ocupa un lugar privilegiado en la historia de nuestro
movimiento obrero por la forma autocrítica, madura y creativa
con que desde la base hasta la dirección nacional, se esforzó
por encontrar las vías más acertadas para enfrentar los muchos
y complejos retos de aquel momento.
Este
Congreso que hoy concluimos, se ha esforzado igualmente por
buscar soluciones a los principales problemas derivados de la
situación actual, diferente y más compleja que la existente en
los años setenta del siglo pasado, y que por tanto exige
actuar con el máximo de creatividad e inteligencia.
Sería un
error pensar que ya se ha logrado cabalmente encontrar esas
soluciones. No obstante, hay avances en la búsqueda de
respuesta a la pregunta crucial de cómo lograr que la
organización sindical no se diluya en el sinnúmero de tareas
coyunturales y se concentre en lo verdaderamente principal, en
lo que realmente define su razón de ser en el socialismo y muy
especialmente en el momento que estamos viviendo.
A un
dirigente sindical de base e incluso de una instancia
intermedia o nacional, puede resultarle realmente difícil
identificar cuál es la tarea principal entre las muchas que
debe enfrentar cotidianamente.
Para
confirmarlo basta leer las cien páginas del Informe Central,
las numerosas resoluciones analizadas por las nueve comisiones
y aprobadas esta mañana, y el resto de los documentos del
Congreso, todos justos y correctos, pero abarcadores de un
amplio universo de tareas.
Muchos de
ustedes saben cómo pienso al respecto. Lo he dicho de manera
franca y clara, en más de un encuentro con cuadros de la CTC
de diferentes niveles y también en reuniones similares del
Partido. En medio de la madeja de fenómenos adversos presentes
en nuestra sociedad en los últimos años, como consecuencia del
período especial pero también de errores viejos y nuevos de
todos nosotros, a veces los dirigentes sindicales no han
adoptado las mejores decisiones o empleado las formas de
trabajo más adecuadas.
Comienzo
por decir que no pretendo cargar la responsabilidad de una
deficiencia u otra sobre ningún compañero en particular ni
solamente sobre el movimiento sindical.
LA LABOR
SINDICAL HA DESEMPEÑADO UN IMPORTANTE PAPEL EN LA COMPRENSIÓN
Y RESPUESTA INMEDIATA DE LOS TRABAJADORES ANTE CADA LLAMADO
DEL PARTIDO Y EL COMANDANTE EN JEFE
Considero
–y es también la opinión del Partido– que la dirección de la
CTC que enfrentó las enormes dificultades derivadas del
derrumbe del campo socialista y la desaparición de la URSS, al
igual que la masa de dirigentes de la organización,
independientemente de cualquier error de estilo, formas o
métodos de trabajo, demostró ser fiel a la Revolución hasta
las últimas consecuencias y tener la disposición a luchar y la
valentía política que exigían las circunstancias.
Con su
labor contribuyeron a mantener la unidad de nuestro pueblo en
torno al Partido y al Comandante en Jefe, y a lograr la
comprensión y el apoyo a las duras medidas que fue necesario
adoptar para salvar la patria, la Revolución y el socialismo.
Los
cambios en los organismos superiores de dirección de la CTC
acordados por el Congreso obedecen a la lógica renovación de
los dirigentes.
En nombre
de nuestro Partido, transmito un merecido reconocimiento a los
integrantes del Consejo Nacional y del Secretariado que hoy
concluyen su mandato (APLAUSOS).
El
compañero Pedro Ross dirigió durante 17 años la CTC. Él mismo,
el pasado 30 de enero, a raíz del proceso de este Congreso, me
envió una carta al Comité Central en la que se puso a
disposición del Partido para cumplir cualquier tarea, y entre
varios candidatos para sustituirlo incluyó al compañero
Salvador Valdés Mesa, quien como sabemos tiene una larga y
exitosa trayectoria como dirigente de la CTC.
Precisamente por esos resultados, en 1995 se solicitó a la
organización obrera su liberación como Segundo Secretario para
cumplir importantes tareas, primero al frente del ministerio
del Trabajo y Seguridad Social, y después, en 1999, como
Primer Secretario del Partido en la provincia de Camagüey,
cargo que ocupó hasta hace pocos meses.
A este
compañero ustedes le han encomendado la alta responsabilidad
de encabezar la dirección de nuestro movimiento sindical.
Confiamos que el nuevo Consejo Nacional y el Secretariado
electos tendrán éxito en la importante tarea que ahora asumen.
La labor
sindical ha desempeñado sin dudas un importante papel en la
comprensión y respuesta inmediata de los trabajadores ante
cada llamado del Partido y el Comandante en Jefe, aun en los
momentos de más aguda contracción económica derivada del
período especial.
No
obstante, no podemos ignorar la huella negativa dejada por las
dificultades materiales y sobre todo por algunas medidas
adoptadas en el esfuerzo para que el país sobreviviera. El
compañero Fidel lo ha explicado con claridad meridiana en más
de una ocasión, así como los peligros que ello implica,
especialmente en su medular intervención del 17 de noviembre
del pasado año, en el Aula Magna de la Universidad de La
Habana.
UNO DE LOS
MÁS DIFÍCILES RETOS DEL TRABAJO IDEOLÓGICO ES LOGRAR QUE EL
TRABAJADOR SE SIENTA DUEÑO COLECTIVO DE LAS RIQUEZAS DE LA
SOCIEDAD Y ACTÚE EN CONSECUENCIA
Como
se ha dicho muchas veces y también hemos escuchado en este
Congreso, uno de los más difíciles retos del trabajo
ideológico es lograr que el trabajador se sienta dueño
colectivo de las riquezas de la sociedad y actúe en
consecuencia.
Es algo
que se logra casi de forma espontánea en los momentos de
definiciones, cuando hay que enfrentar una gran y decisiva
tarea o un peligro inminente amenaza a la Revolución, pero es
más difícil de alcanzar en el trabajo cotidiano.
No digo
que esta sea la única causa de los hechos de corrupción y
robo, de las ilegalidades y las indisciplinas laborales. Pero
en las condiciones del socialismo es muy difícil enfrentar
estos peligrosos vicios sin el concurso de los trabajadores,
ellos son la fuerza esencial.
Si
erradicar estos males es tarea fundamental de la
administración, no podemos exonerar de su gran responsabilidad
a los únicos dueños de las riquezas del país, que no son otros
que ustedes mismos y el resto del pueblo. (APLAUSOS)
No olviden
nunca que esta sigue siendo, como dijo Fidel al proclamar el
socialismo en 1961: “La Revolución Socialista y democrática de
los humildes, con los humildes y para los humildes” (APLAUSOS
PROLONGADOS).
Es cierto
que los sindicatos han emprendido acciones, quizás más de la
cuenta si hablamos de cantidad, pero como ustedes han
reconocido autocríticamente, su papel debe ser superior, más
efectivo, y para ello cuentan con experiencia, liderazgo y
reconocimiento social suficientes.
En tal
sentido, creo que puede tener algún valor la experiencia
desarrollada por el Sindicato Nacional de Trabajadores Civiles
de la Defensa.
Puede ser
útil por cuanto –como les dije ayer– en este sindicato, por
las disímiles actividades que desarrollan sus afiliados, están
representados 18 de los 19 sindicatos nacionales, con la única
excepción de los tabacaleros.
En febrero
del 2004, como Segundo Secretario del Partido hice fuertes
críticas a los dirigentes sindicales en el sector de la
defensa, pero siempre con un carácter constructivo, convencido
de que sus problemas eran también nuestros, del Partido y las
administraciones.
Cada
valoración se discutió profundamente, hasta dar con las
verdaderas causas de cada deficiencia. Los compañeros
reconocieron sus errores y también precisaron las cuestiones
que a su juicio no hacían posible que el dirigente sindical se
concentrara en lo fundamental, sobre todo en la base.
A partir
de esas premisas, con la permanente orientación del Partido, a
través de las Direcciones Políticas de las FAR y el MININT que
tienen rango de departamento del Comité Central, se
establecieron seis grupos multidisciplinarios que estudiaron
en detalle igual cantidad de temas. Ese trabajo previo se hizo
sin precipitaciones, durante 8 meses, y permitió elaborar un
detallado plan de acción.
Teniendo
en cuenta que el cumplimiento de algunas medidas propuestas
afectaba lo establecido en determinados documentos rectores
del trabajo sindical, después de los análisis correspondientes
se realizó una reunión del Secretariado Nacional de la CTC,
que autorizó aplicar las propuestas, proceso que comenzó en
enero del año 2005.
Como se
conoce, el Sindicato Nacional de Trabajadores Civiles de la
Defensa efectuó hace pocos días su VIII Congreso, que evaluó
los resultados positivos de todo este esfuerzo.
No es algo
perfecto, como todo habrá que continuar mejorándolo, pero creo
que constituye un ejemplo de que no hay nada que no pueda
resolverse, si trabajan unidos el Partido, la organización
sindical y la administración, siempre que se haga con
objetivos claros y de forma organizada, sin fanfarrias ni
corre corre, pues aunque desempeñan diferentes
responsabilidades, todos son en definitiva compañeros
revolucionarios con iguales principios e intereses, o sea, no
existen contradicciones de ningún tipo.
LA LABOR
SINDICAL DEBE MATERIALIZARSE EN EL CENTRO DE TRABAJO
Son parte
de esa masa de trabajadores, que como ya dije, ha demostrado
muchas veces su disposición a defender la Revolución y hacer
cuanto sea necesario con ese objetivo, lo que no nos da
derecho a hacerle perder el tiempo con tareas mal concebidas,
poco organizadas o simplemente intrascendentes.
Los llamo
a meditar con profundidad acerca de la utilidad real de cuanto
hace nuestro movimiento obrero, a eliminar lo superfluo y
concentrarse en lo realmente decisivo.
Con razón
en este Congreso se ha insistido bastante en que la labor
sindical debe materializarse en el centro de trabajo. Es algo
que no puede convertirse en una consigna. Lograrlo exige que
cada dirigente actúe cotidianamente en correspondencia con ese
principio medular.
Concentrarse en el centro de trabajo implica conversar con la
gente, pero de verdad, para conocer qué piensa. No contentarse
con hablar sino también oír, aunque no agrade lo que nos
digan; reconocer cuando nos equivocamos y si es el caso,
decirle al otro que no tiene razón, o criticar siempre, cara a
cara, las actitudes incorrectas, y de paso aclaro que estos
conceptos son válidos no sólo para el movimiento sindical.
En aras de
la brevedad, basado en la confianza que sé nos tenemos
mutuamente y en la madurez de ustedes, he hablado de
deficiencias y fui algo parco al mencionar los éxitos.
No
significa desconocer el enorme trabajo y los importantes
resultados alcanzados por el movimiento obrero y sus
dirigentes durante estos años, ni que ignoro las dificultades
de todo tipo que enfrentan en su labor.
Si logré
preocuparlos más de lo que estaban; si conseguí motivarlos a
pensar una y otra vez hasta encontrar la solución más adecuada
a cada asunto concreto, doy por cumplido el objetivo de esta
intervención (APLAUSOS).
Considero
que de esta forma nuestro movimiento obrero logrará mantenerse
a la altura de retos cada vez mayores y hará una importante
contribución al esfuerzo por aprovechar al máximo, en
beneficio de todo el pueblo, las perspectivas que poco a poco
se van abriendo al desarrollo económico y social del país,
base objetiva de la solidez de la Revolución en el terreno
político-ideológico y de la defensa.
NO PODEMOS
OLVIDAR QUE LIDIAMOS CON UN ENEMIGO MUY PODEROSO
No podemos
olvidar ni un momento que lidiamos con un enemigo muy poderoso
y capaz de acudir a cualquier vía para alcanzar su propósito
de borrar la Revolución de la faz de la tierra, sin que quede
el más mínimo vestigio de su existencia.
Como les
decía ayer, basta hojear el llamado Plan Bush y recordar su
anunciado anexo secreto, para comprobar que el imperio se
propone arrebatarle a nuestro pueblo hasta la última de las
conquistas que ha alcanzado en tantos años de lucha.
Su
objetivo es llevar a este país a una situación aún más
terrible que la existente en diciembre de 1958, a aquellos
tiempos en que la represión, el luto, la humillación, la
miseria, el desempleo, el analfabetismo y las enfermedades se
enseñoreaban sobre miles de hogares cubanos.
Como dije
recientemente en una entrevista al periódico Granma, han
designado hasta al interventor yanqui, un tal McCarry, como si
nada hubiera cambiado en este mundo desde que en 1898
frustraron nuestra independencia y nos impusieron varios
interventores.
Dentro de
esa misma lógica absurda actúa el Presidente de los Estados
Unidos, cuando dice que en Cuba tiene que haber transición, es
decir, un vergonzoso retorno a la basura de capitalismo
neocolonial que impusieron en este país exactamente durante
sesenta años, o cuando nos amenazó en fecha reciente con que
“tomarán nota de cuantos se opongan a ello”.
Repito el
consejo que le di en aquel momento: mejor anote en la lista a
los anexionistas asalariados de su Oficina de Intereses, que
son pocos, porque va a necesitar mucho papel para escribir
los nombres de los millones de mujeres y hombres que están
listos para recibir, fusil en mano, a su interventor designado
(APLAUSOS PROLONGADOS).
HOY
NUESTRO PUEBLO ES MUCHO MÁS AGUERRIDO, EXPERIMENTADO Y
CONSCIENTE
Ante los
grandes peligros externos y los derivados de nuestras propias
deficiencias, de nada sirve lamentarse, lo esencial es
enfrentarlos con el máximo de energía y decisión.
Trabajar
con organización, constancia y disciplina, educados
sencillamente en el estricto cumplimiento del deber; buscar
constantemente la mayor efectividad en cada tarea y las vías
de eliminar las deficiencias; pensar con cabeza propia cómo
resolver los problemas, tratando, además, de evitar que nos
sorprendan; y consolidar cada paso adelante que demos, sea
grande o pequeño.
Mucho se
ha avanzado desde aquellos días iniciales del triunfo de la
Revolución, hará pronto 48 años, en que todo estaba por hacer
y con bastante frecuencia creíamos saber cómo enfrentar cada
tarea, cuando en realidad no pasábamos de ser unos optimistas
cargados de buenas intenciones.
Nunca
debemos olvidar aquella alerta de Fidel, en su primer discurso
en la capital el 8 de enero de 1959, que de forma tan
fehaciente la vida ha confirmado, al expresar:
“Estamos
en un momento decisivo de nuestra historia. La tiranía ha sido
derrotada. La alegría es inmensa. Y, sin embargo, queda mucho
por hacer todavía. No nos engañemos creyendo que en lo
adelante todo será fácil. Quizás en lo adelante todo sea más
difícil”.
Hoy
nuestro pueblo es mucho más aguerrido, experimentado y
consciente –somos incluso el doble de la población de
entonces, a pesar de la baja natalidad, algo que analizamos
ayer. Lo demostró con creces en estos últimos meses, tras
conocer la Proclama del Comandante en Jefe, con la contundente
prueba que ha dado y continúa dando, de confianza en su
Partido, en sus dirigentes y sobre todo de su confianza en sí
mismo.
Es el
resultado de la conciencia y madurez alcanzadas tras muchos
años de difíciles y continuos combates, pero en la misma
medida que crecen y se afianzan esas virtudes de nuestro
pueblo, aumenta también la exigencia hacia quienes lo dirigen
y representan.
Creo que
ustedes han estado a la altura del compromiso contraído con
los millones de cubanas y cubanos que los eligieron delegados
a este importante evento, esos mismos que con estoicismo y
ejemplar conciencia de clase, luchan diariamente contra
dificultades y problemas en el centro laboral y en la vida
cotidiana, para con su sudor e inteligencia continuar llevando
adelante la Revolución.
En nombre
del Comandante en Jefe y de nuestro Partido, ¡Felicidades por
los resultados de este Congreso y sobre todo éxitos en el
mucho trabajo que tenemos por delante!
Un pueblo
unido, con el temple y la conciencia del nuestro, es la
principal garantía de que siempre podremos gritar en esta
tierra:
¡Viva
Cuba libre!
(OVACIÓN) |